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Profesores y monitores trabajan durante este curso en la escuela Antide Boyer en el proyecto de confeccionar y equipar un tranvía. Han recibido una carpeta con serigrafías originales de Hervé di Rosa, fichas pedagógicas sobre historia del arte, un DVD de dibujos animados de la conocida serie“Les Renés” y cuarenta pegatinas para colocar sobre una  imagen de gran formato a fin de representar historias previamente inventadas por ellos, sobre la base de la vida cotidiana francesa del Pays d’Aubagne et de l’Etoile. El trabajo elaborado en la escuela será enviado al artista para ultimar ese tranvía que así ya será de todos. La cuestión cobra otro alcance porque Hervé di Rosa es fundador del museo internacional de arte modesto de Sète, su ciudad natal, y de grandes artistas como el poeta Paul Valèry o el cantautor Georges Brassens. Frente a la petulancia o arrogancia de tantas creaciones pretenciosas, algunas extraordinarias, resulta reconfortante esta mirada revalorizadora de ciertos objetos y del modo de considerarlos, surgidos de la cotidianidad, que establece una forma singular de relación con ellos, un modo de atención nada habitual sobre lo corriente, hasta provocar una emoción infrecuente. Se trata de un proceder sencillo, original y auténtico, que requiere otra inocencia, la de lo modesto y otro hacer, precisamente el de la modestia, una suerte de artística infancia que habita toda creación.

Ello no supone ignorar los conflictos que de una u otra forma siempre nos acompañan, ni el comportamiento no pocas veces violento que nos rodea, ni los problemas que nos acucian. Se trata de afrontarlos. Y eso requiere no perder toda sensibilidad, aprender a dar con el aspecto adecuado, a encontrar el tipo apropiado, a saber expresar la pinta pertinente. En definitiva, en eso consiste hacer del arte palabra efectiva, en corresponder con nuestro proceder a lo que expresamente Platóndenomina “eidos”. Es en lo que habría de fijarse quien pone nombres en el Crátilopara ser apto. Por muy modesta que sea la acción, pintar es siempre vèrselas con alguna idea. Nietzsche prefiere que no sea un concepto, pues eso supondría la necrópolis de las intuiciones. Pero de una u otra forma es una manera de concebir. Aprender a pintar es un modo bien activo de aprender a pensar. Y no pocas veces, a pensar de otro modo. Y en ello radica su arte, en ello radica todo arte.

La buena pinta

La tendencia a creer que de lo que se trata es de copiar lo que hay para repetir exactamente lo que ya sucede, entendiendo que lo que decimos o hacemos sólo es verdad si se adecúa o adapta a lo que ya existe, tiene no poco de inadecuado. Y de ingenuo. Pintar nos enseña a mirar no sólo lo que ya se ve. Y menos aún a reducir todo cuanto hay o existe a lo que notamos o anotamos. En última instancia, ver algo es no limitarse a lo que se da por visto. Es imprescindible aprender a distinguir y a discernir. Y puestos a imitar, a comprender que no basta simplemente con reduplicar lo que consideramos el original, y que semejanza y convención conviven.

Y más aún, que no hemos de reflejar como en una mente-espejo aquello que en el espejo-mente ya vemos y con lo que supuestamente coincide. Sin imaginación, sin fantasía, sin creación, en realidad ni siquiera vemos. Por eso, precisamente la vista es un sentido. Sin sentir, no se ve. No hay educación del sentido ni del sentimiento sin educación de la mirada. Pero no se logra simplemente mirando. Se precisa otro hacer. Y pintar es no quedarse en los perfiles. El eidos ni es mera apariencia ni pura indumentaria, ni mera impresión. Es un decir bien concreto, pero tiene en cuenta el aspecto para incorporarlo a un espacio definido. Aprender a concentrarse en él, a fijar la mirada, a considerar la tarea con esmero exige no sólo arte, sino asimismo oficio,competencia, preparación, dedicación. Es cuestión de no quedarse únicamente en lo dicho, ni de limitarse a sugerir. Es aprender a desplegar haciendo a la par nuevos pliegues, a abrir generando otras y enigmáticas posibilidades. Pintar no es únicamente parecer, es asimismo aparecer provocándose a sí mismo. Por eso, se aprende tanto al enseñar a pintar.

Un gesto de escritura prevalece en el movimiento de la mano en el pintar. Un vínculo de palabra trenza un lazo común, en ocasiones indiferenciable. Y algo nace conjuntamente al escribir y al pintar. Siquiera para en su caso distinguirse y distanciarse. Pero un juego y una suerte común unen el dibujo y la pinta de lo que decimos con lo que va surgiendo ante nosotros sin existir previamente en lugar alguno. Su irrupción es un acontecimiento. Y con razón puede hablarse de creación. Sin embargo, por muy singular que sea la tarea, y aunque semejante atención y consideración tiene la capacidad de generar espacios en los que estar con uno mismo, eso no supone indiferencia con el quehacer compartido. Puede asimismo procederse de modo colectivo, vincular labores, interrelacionar y conectar como las propias artes dialogan entre sí. Y generar un proyecto festivo de trabajo convivido.

Aprender que la diferencia, la singularidad y la pluralidad se corresponden con la propia conformación del mundo y de la sociedad permite vivir emotiva y sensualmente, como potencia y virtualidad, cada detallede la tarea. Detenerse en él con miras a lograr una perspectiva más amplia, más integral, más armónica, convierte la consideración de lo que se pinta en hospitalidad educativa. Y entonces cada materia, cada color, cada trazo, cada rasgo componen quizás un nuevo dibujo, tal vez otra imagen, que dice y nos dice, sin ser simple expresión, ni mero desvelamiento. Es a su vez generación transformadora. O podría serlo. Y así aprendemos que no basta con describir lo que pasa, por muy importante que resulte.

Hay asimismo una ciertadespedida en cada creación, la que sabe que la pinta puede ser tan coyuntural o tan decisiva como cualquier  intervención en la obra. En ella, el propio cuerpo se expone y corre el riesgo que comporta toda entrega. Y siempre hay algo escolar en la tarea. Pintar es reemprender una y otra vez el viaje compartido de aprender en el hacer, la alegría de ir perfilándose del todo. Para eso, la cercanía de alguien, la proximidad de una voluntad, de una pasión, de una generosidad, de un conocimiento y de un saber sólo puede denominarse de una u otra manera magisterio. De ahí el enorme regalo de que nos enseñen. Y mejor desde bien temprano.

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