Lecturas de la Convención de los Derechos del Niño y de la Niña aprobada en 1989 por Ricardo Llamas/ Paco Vidarte en Homografías.

“Si todos los niños y niñas tienen derecho al juego (Artículo 11), eso significa que las niñas tienen derecho a subirse a los árboles y los niños a vestir Barbies o desvestir Kens, sin ser por ello regañados.

Si todos los niños y niñas tienen derecho a la libertad de pensamiento y de opinión (Artículo 9), eso significa que podrán expresar sus sentimientos sin que se les haga comprender que éstos, en unos casos, son vergonzantes; sin que se les haga comprender que sólo ciertas ideas relativas al afecto, el deseo, las aficiones, etc., pueden expresarse orgullosa y legítimamente.

Si todos los niños y niñas tienen derecho a la educación (Artículo , eso significa que se les debe enseñar que hubo una poetisa que se llamaba Safo y que cantó al amor de las mujeres, que Lorca era homosexual, que la sexualidad no es sólo una función biológica destinada a la reproducción, que las madres posesivas, si no son en exceso pesadas, están muy bien, y que si los padres son violentos, alcohólicos u holgazanes, casi mejor que se ausenten…

Si todos los niños y niñas tienen derecho a un nombre (Artículo 7), eso significa que, si quieren, pueden identificarse como gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales…; así como renunciar a que se les llame enfermos, mariquitas, machotes, machorras, qué niña tan mona…

Si todos los niños y niñas deben estar protegidos contra los malos tratos (Artículo 6), eso significa que no se puede ejercer sobre ellos y ellas violencia física, psicológica o simbólica con el único objetivo de promocionar una identificación heterosexual o de castigar actitudes, gustos, opiniones, aficiones, etc., que se quieran interpretar como señales de disconformidad con un modelo de rol de género o con una posible preferencia sexual.

Por último, (y un poco como resumen), si todos los niños y niñas tienen derecho a la vida (Artículo 1), eso significa que debemos comprender que la vulneración constante y sistemática por parte de padres, madres, educadores, legisladores… de cualquiera de los derechos antes citados y aquí releídos, tienen efectos desastrosos en la autoestima de miles de niñas y niños, y que con frecuencia el resultado se expresa en un desapego de éstos hacia la propia vida. La inducción al suicidio (más que la tan cacareada “pulsión de muerte”) es uno de sus posibles resultados.”

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