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la Revista Jóvenes y educación no formal.
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La educación no formal en España

La Educación no formal ha ido ganando peso específico dentro de la Educación, a medida que sus prácticas se han ido profesionalizando, desarrollando tanto unos principios teóricos, como unas estrategias, que le son características. En este capítulo, se explica cómo entendemos la Educación no formal dentro del marco de la educación permanente. Hacemos una relación de las características de la Educación no formal, que permiten distinguirlas de otras prácticas educativas. Se revisan distintas formas de la Educación no Formal. Terminamos abordando los retos actuales de la ENF: la enseñanza telemática y la validación y reconocimiento social.

Educación permanente o para la vida. Características de la ENF.

Reconocimiento de la ENF. Validación y certificación de la ENF.

1. La educación no formal: una educación abierta y contínua

Cuando hablamos de Educación no formal, nos referimos al término que populariza Coombs a finales de los años sesenta cuando la institución escolar empieza a entrar en crisis (Trilla, 1992). Es un momento en el que se siente la necesidad de poner en valor otros medios educativos diferentes a la escuela. Coombs se refiere a la Educación no formal como “aquellas actividades que se organizan intencionalmente con el propósito expreso de lograr determinados objetivos educativos y de aprendizaje” (1968: 19) (1). En ese mismo año, Coombs y sus colaboradores empiezan a distinguir entre educación formal, no formal e informal. En 1974, el mismo autor describe la Educación no formal como “toda actividad organizada, sistemática, educativa, realizada fuera del sistema oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizaje con campos particulares de población, tanto adultos como niños” (Coombs y Ahmed, 1974). (2)

Los términos de Educación Formal (EF), Educación no Formal (ENF) y Educación Informal (EI) han sido bastante discutidos en los últimos quince años, en el ámbito puramente académico, por considerarse que no permiten una aclaración suficiente de los procesos educativos que se dan en nuestra sociedad, y sobretodo, por no ser términos excluyentes entre sí. Sin embargo, el término Educación no Formal, ha tenido un fuerte apoyo e identificación por parte de aquellos que la practican.

Lo cierto es que el término ENF se ha popularizado en España, y sus distintos tipos de prácticas se han desarrollado compartiendo principios y estrategias, pero a la vez, elaborando sus propios desarrollos teóricos y metodológicos.

Quizás, dentro de la Educación No Formal, podamos considerar que una de las áreas que ha tenido mayor desarrollo sea la Educación Ambiental, que ha logrado consensos internacionales y un marco teórico básico, definido y compartido (Gutiérrez, 1992). Como dice Heras en este mismo libro, la EA ha contado en este país, con el apoyo institucional lo que le ha permitido desarrollarse de forma muy acelerada.

La cuestión de la definición de la Educación no formal ha estado en entredicho, como ya se ha dicho, por no ser absolutamente excluyente en todas sus características con la Educación formal y la Educación informal. Y es cierto, los tres conceptos aluden a procesos educativos en los cuales cualquiera de nosotros participamos desde que nacemos, pero difícilmente podemos establecer una línea que los separe claramente. Sin embargo, en este capítulo, vamos a intentar clarificarnos, al menos para que los lectores de este monográfico sepan a qué nos referimos.

La Educación Informal está inseparablemente unida a cualquier situación de aprendizaje vivida por una persona hasta que acaba su vida, que no haya sido planificada específicamente para enseñar. Nunca se deja de aprender, las experiencias vividas ayudan a desarrollar nuevas estrategias que permiten enfrentarse a las siguientes situaciones, así como no cometer los mismos errores. Es decir, se produce aprendizaje aunque nadie haya previsto que lo hubiera. Este tipo de educación es la recibida de los padres, los pares, los y las hermanas, las y los compañeros de clase y/o de trabajo, de los medios de comunicación, cuando estamos de viaje, etc. Estos momentos educativos no han sido específicamente preparados como una situación de aprendizaje. Y sin embargo, son una fuente inagotable de experiencias educativas. Aunque no siempre está tan claro que no sean intencionados, pues cuando unos padres enseñan a sus hijos e hijas a comer, a responsabilizarse de sus tareas o recoger su cama, a cumplir con unos compromisos de horario y conducta, nadie puede negar que los padres lo hagan deliberadamente.

Es evidente que no se sientan a plantearse los objetivos educativos, y las estrategias metodológicas para conseguirlos, pero si que discuten, por ejemplo, cómo van a plantear los castigos o analizan qué les ha fallado. Por tanto, no podemos decir que la educación informal sea siempre no intencionada, pero sí vamos a englobar dentro de este término, todos los procesos educativos no planificados ni organizados como estricta situación de aprendizaje, cuyo producto sea precisamente aprender.

La concreción del término

Educación formal (EF) es mucho más fácil, puesto que relegamos este término a toda acción educativa que se da en el marco del Sistema Educativo. Es decir, una educación establecida por leyes y realizada por un sistema público y privado legitimado para ello, con profesionales expresamente preparados (y pagados) para que cumplan con su obligación. Una educación, por otro lado, que será evaluada. Lógicamente, los sistemas educativos son distintos en cada país por lo que la EF variará en función de donde se habite. Tradicionalmente, se ha venido equiparando el sistema educativo con la educación reglada, aunque la realidad nos indica que esto no siempre es así.

Pongamos un ejemplo: la formación de Monitores/as de Tiempo Libre y de Animadores Juveniles. Está formación es competencia y se regula por las Comunidades Autónomas en España. Se desarrolla en Decretos y Órdenes, que son publicadas en los Boletines Oficiales de los respectivos Gobiernos Autonómicos. Sin embargo, existe una flexibilidad en sus programas: número de horas, contenidos obligatorios y contenidos abiertos y libres. No hay imposición respecto a los procesos educativos a seguir en clase, ni a los resultados finales que se deben conseguir en todas las Comunidades Autónomas, pero sí se determinan las obligaciones del alumnado (en cada CCAA), por ejemplo, la obligación de desarrollar unas prácticas antes de obtener el diploma que no certificado) (3). En definitiva, existe una Educación Reglada, pero No Formal (fuera del sistema educativo), que en este caso dependen de Organismos de Juventud, casi nunca en las Consejerías de Educación (y si lo están, vinculadas a Deportes) u otros organismos. Pero también existe mucha práctica educativa No Formal, que no está reglada, sino que mantiene formatos, diseños y metodologías abiertas, diversas, flexibles que es lo que más caracteriza a la ENF, sin que exista un marco regulador.

En definitiva, siguiendo un criterio estructural (Trilla, 1992), vamos a distinguir la Educación No Formal, de la Formal y la Informal diciendo que la ENF es un proceso educativo voluntario, pero intencionado, planificado, pero permanentemente flexible, que se caracteriza por la diversidad de métodos, ámbitos y contenidos en los que se aplica.

Frente a la EF que está limitada por el sistema educativo con las ventajas y desventajas que ello supone (4) y la Educación Informal que está inseparablemente unida a cualquier experiencia de aprendizaje vivida en situaciones cotidianas y que pudiendo ser intencionada, no está planificada.

Sin embargo, entendemos que la ENF comparte diversas características con  los otros dos procesos educativos (Ver figura 1). Por ejemplo: la ENF y la Educación Informal son flexibles, están abiertas continuamente a cambios de estrategias, utilizan diversidad de métodos, técnicas, actividades y recursos, y se pueden dar en gran cantidad de situaciones y contextos.

Muchas prácticas de ENF se dan al aire libre, en un comedor de un campamento, en un taller de reciclaje o en una excursión. A su vez, la ENF comparte elementos con la Educación Formal: ambas son intencionadas, se planifican, seleccionando objetivos, contenidos y actividades, previendo espacios, recursos y tiempos específicos.

Ambas son sistemáticas, responden a principios teóricos y se apoyan en teorías del aprendizaje, y además, como ya se ha explicado, parte de la ENF puede ser reglada. La ENF frecuentemente no conduce a la obtención de un certificado, excepto en la reglada.

1.1. Educación no formal. Educación permanente o para la vida

Otro concepto con el que se ha venido relacionando la Educación No Formal, es con la formación continua, permanente o para la vida. La educación permanente incluye todos los procesos educativos en los que las personas se ven envueltos a lo largo de la vida. Lo importante de la Educación NF en este sentido es que, mientras la EI es involuntaria y la EF suele acabar con la juventud, aquí las personas pueden voluntariamente optar por seguir aprendiendo. Efectivamente, la educación no formal no está centrada en un tramo de edad específico, sino que podemos participar en procesos educativos no formales a lo largo de toda la vida. El aprendizaje permanente o la llamada formación continuada, no se produce sólo cuando deliberadamente se decide participar en cursos, programas o procesos educativos, sino que también se produce a lo largo de las muchas situaciones que vamos experimentando (Alheit, 1998). Es decir, la formación continua no formal incluye una decisión deliberada, voluntaria (cuando se es menor, ejercida por los padres) de participar en determinados procesos educativos, organizados fuera del sistema educativo.

Pongamos algunos ejemplos de la diversidad de posibilidades que a lo largo de la vida existen para poder participar en procesos educativos no formales (5).

Algunos niños y niñas pequeños han podido tener la oportunidad de participar en actividades de cuenta-cuentos que pretenden educar en valores no violentos o no sexista. Otros pueden tener la oportunidad de ir a una granja escuela (con sus padres o con su escuela), en la que han entrado en contacto con la naturaleza y se les ha enseñado a respetar el medio ambiente. Es posible que otros hayan podido participar en talleres de expresión dramática o artísticas (organizadas en su escuela, por la asociación de padres o en sus barrios), en donde se espera que logren expresar sus sentimientos de diversas formas: a través del teatro, de la pintura, la escultura, etc. En estas situaciones, los niños y niñas habrán participado en procesos de Educación en Valores, Educación Ambiental, y Educación en el Tiempo libre. Procesos educativos con objetivos claros, diseñados para ser llevados a cabo en un determinado espacio educativo, con una duración determinada y con una metodología previamente diseñada, que pueden o no volverse a repetir de la misma forma, dependiendo del grupo, del contexto o de la situación y los medios con los que se cuenta.

Si nos adentramos en el periodo de la juventud, es posible que los y las jóvenes españoles, hayan podido participar en un curso de fomento del asociacionismo juvenil, organizado por alguna entidad juvenil (Animación Sociocultural, Educación en Valores); o un curso de formación ocupacional, bien desde un sindicato o desde una entidad colaboradora de la administración de fomento del Empleo, para apoyar su inserción profesional (Formación Ocupacional). También podría ser que hayan realizado un intercambio, a través del programa Juventud con Europa, que le ha permitido conocer otro país, otra cultura y otros estilos de vida, así como promover su motivación para el estudio de otros idiomas (Educación en valores, Intercultural y Educación en el tiempo libre). Otra posibilidad, es que una chica o chico joven, se haya formado como Monitor/a de Tiempo Libre, en una Escuela privada, pero reconocida por una administración de Juventud, que le haya otorgado un Diploma que le posibilita poder trabajar, remuneradamente o no, con niños/as y jóvenes en acciones educativas de ocio (Formación Reglada en Animación Sociocultural en el ámbito de la Pedagogía del Ocio). En fin, puede ser que un/a joven que proceda de una familia desestructurada, viva en un piso de acogimiento y este recibiendo asesoramiento, apoyo y formación para poder ser autónomo y vivir por su cuenta (Educación Social con menores/jóvenes desprotegidos).

En la adultez, podemos seguir participando de múltiples procesos educativos no formales. Por ejemplo, aquellas personas que realizan acciones educativas en su tiempo libre y por absoluta voluntad: aprender idiomas, una actividad manual o nadar (Educación en el tiempo libre). Otra opción es participar en una formación específica para mejorar nuestras competencias profesionales (Formación Continua) o participar en un curso de educación de adultos organizado por la asociación de vecinos para poder examinarse e ingresar de nuevo en el sistema educativo (Educación de personas adultas).

En fin, en la vejez, algunas personas que se dedican a aprender un idioma, a bailar, o se inician en las tecnologías de la comunicación. Todas ellas son prácticas en el área de la Pedagogía del Ocio, pues si algo tiene las personas mayores (jubiladas y sin cargas) es tiempo libre, que pueden ocupar de forma sana, creativa o educativa.

Todos estos procesos educativos son planificados, con objetivos educativos previos, con un diseño de un programa que una serie de profesionales han organizado, en base a las personas destinatarias y a las situaciones en las que se desarrollan, y que tienen que ser evaluados, no sólo sus resultados, sino también su diseño y su ejecución. Sin embargo, no todos comparten metodologías educativas, ni principios de actuación, ni sistema de control de calidad. Se realizan en distintos espacios: granjas escuelas, la calle, la asociación, aulas del sindicato, aulas de la escuela reconocida, equipamientos de un colegio en horario de tarde, un piso de acogida, centros de día, etc.

En definitiva, la ENF nos permite, a través de sus múltiples áreas y ámbitos de realización, poder seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Lógicamente, en este proceso de aprendizaje continuo, la educación informal, es su inseparable compañera.

2. La educación no formal se concreta en prácticas en diversas áreas

No es objeto de este capítulo, ni de este tipo de publicación hacer una clasificación exhaustiva y cerrada de todas las áreas en las que se desarrolla la Educación No formal. Sabemos que una de las características de la ENF es precisamente su heterogeneidad, lo que hace difícil su conceptualización, pero hablaremos en esta monografía de aquellas áreas que de forma más habitual se están desarrollando dentro de la Educación no formal con el colectivo juvenil. Ello nos permitirá también justificar el contenido de este libro. En los capítulos siguientes se desarrollaran algunas áreas de la Educación No formal más relacionadas con la Juventud, aunque somos conscientes que están no son todas las prácticas educativas no formales que existen. Haremos aquí un avance definiendo cada una de ellas:

• La Educación ambiental: fue definida en Tbilisi (1977), como un proceso permanente en el cual los ciudadanos y las comunidades humanas deben adquirir conciencia, destrezas y conocimientos para actuar individual y colectivamente en la resolución de problemas ambientales presentes y futuros.

• La educación social se dedica a promover el desarrollo de las capacidades sociales de individuos y grupos. La educación social puede entenderse desde diversas perspectivas: como adaptación, socialización, adquisición de competencias sociales, didáctica de lo social, acción profesional, respuesta a la inadaptación social, formación política del ciudadano, prevención y control social, trabajo social educativo, y educación extraescolar (López Noguero, 1999). Riera entiende por Educación Social “(…) aquella acción sistemática y fundamentada, de soporte, mediación y transferencia que favorece específicamente el desarrollo de la sociabilidad del sujeto a lo largo de toda su vida, circunstancias y contextos, promoviendo su autonomía, integración y participación critica, constructiva y transformadora en el marco sociocultural que le envuelve, contando en primer lugar con los propios recursos personales –tanto del educador como del sujeto– y, en segundo lugar, movilizando todos los recursos socioculturales necesarios del entorno o creando, al fin, nuevas alternativas”

• Por Animación sociocultural entenderemos los procesos socioeducativos que pretenden la transformación de una realidad social, mejorando las condiciones sociales de un grupo o su comunidad, partiendo de su propia cultura y recursos, y por medio de la participación. También hablaremos de la Pedagogía del ocio que recoge la Educación en el  tiempo libre, entendidas como el espacio y tiempo para unas prácticas de ocio sano y educativo.

• Cuando hablamos de Educación ocupacional nos referimos a las prácticas  educativas que pretenden la adquisición de competencias profesionales cuyo objetivo último es la inserción laboral.

* La Educación para la salud ha venido trabajando educativamente para la  prevención de enfermedades y creación de hábitos de vida saludable. Para Agustín Morón la Educación para la Salud “estaría orientada a favorecer estilos de vida saludable, a través de la promoción de actitudes y hábitos de responsabilización con la salud propia y la del entorno” (1999).

En esta área, también se habla de la Educación para el consumo que pretende  formar personas críticas, con criterio, capaces de tomar decisiones libremente y que se basaría en desarrollar una actitud consciente y crítica ante el consumo, conocer los mecanismos del sistema de producción consumo, desarrollar el sentido asociativo, impulsar una consciencia clara de las relaciones entre el consumo y el medio ambiente así como saber defender sus derechos como consumidor (J.A. Morón, 1999)

• Como dice Cárdenas en esta misma publicación, cuando hablamos de Educar en Valores estamos, ante todo, hablando de promover un proceso de descubrimiento y reflexión personal a lo largo del cual, cada sujeto irá construyendo e identificando aquellos valores que desea hacer propios y que le servirán de base para desarrollarse como ser humano, alcanzando una convivencia positiva con quienes le rodean y ejerciendo una ciudadanía activa en su realidad.

En el área de formación en valores para el desarrollo de valores como la igualdad, el respeto a la diversidad, la participación democrática, etc. Por ejemplo, la Educación para el desarrollo entendida como la sensibilización para la ayuda y colaboración con países menos desarrollados por medio de la cooperación; la Educación para la paz, aquella que fomenta la adquisición de hábitos de conducta social no violentos, así como la sensibilización a favor de la paz y de la finalización de conflictos armados; o la Educación intercultural que va dirigida a la sensibilización de las comunidades de acogida y llegada para que exista una relación reciproca de aceptación.

Comprende la enseñanza de habilidades, actitudes y conocimientos que permitan adquirir valores como la cooperación, la solidaridad, la empatía, etc. El objetivo final es promover el encuentro entre diferentes colectivos, grupos étnicos, para que se produzca un intercambio en pie de igualdad, conservando la especificidad de cada uno, al tiempo que buscando el reconocimiento mutuo (Colectivo AMANI, 2002). Dentro de la Formación en valores se contempla también la Educación para la igualdad de oportunidades, que se ha desarrollado en la lucha por que los hombres y las mujeres tengan las mismas posibilidades y trato social en la escuela, el trabajo, la familia y la sociedad en general. Esta área de la Educación está siendo un instrumento fundamental para el enfoque de género que, desde la reunión de Pekín en 1995, se ha venido desarrollando y que es definido por el Consejo de Europa (1998) como “la (re) organización, mejora, desarrollo y evaluación de procesos políticos, de manera que la perspectiva de igualdad de género es incorporada en todas las políticas, a todos los niveles y en todos los escenarios, por los actores que estén implicados en la implementación de políticas” (en Helming, 2004).

En este monográfico hemos entendido la Educación No Formal como un proceso educativo voluntario, pero intencionado, planificado, pero permanentemente flexible, que se caracteriza por la diversidad de métodos, ámbitos y contextos en los que se aplica.

Se ha estructurado en tres partes, la primera es una introducción general al tema de la educación No Formal, que permitirá conocer qué entendemos por este término y cuáles son sus áreas de trabajo y sus características fundamentales.

La segunda parte, recoge seis áreas que, a nuestro juicio, son las más representativas del trabajo que se desarrolla con el sector juvenil en la educación no formal: la educación ambiental, la educación para la salud, la animación sociocultural, la educación sociolaboral, la educación en valores y la educación social de menores y jóvenes en protección.

Y, una tercera parte que incorpora experiencias concretas de educación no formal, desarrolladas dentro de cada una de las áreas anteriores, y que por ser novedosas, trabajar desde una perspectiva integral, tener componentes claro de metodología participativa, estar bien llevadas educativamente hablando, hemos considerado dignas de resaltar en esta publicación. A cada una de ellas, se le ha añadido un cuadro, que recoge el análisis hecho por la coordinadora, sobre la experiencia al objeto de resaltar sus puntos fuertes.

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